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| PATRONO SAN MIGUEL ARCANGEL | ||
La tradición cristiana nos dice que San Miguel Arcángel es uno de los siete arcángeles y está entre los tres nombres aparecen en la Biblia. Los otros dos son Gabriel y Rafael. La Santa Iglesia da a San Miguel el más alto lugar entre los arcángeles y le llama "Príncipe de los espíritus celestiales", "jefe o cabeza de la milicia celestial". Ya desde el Antiguo Testamento aparece como el gran defensor del pueblo de Dios contra el demonio y su poderosa defensa continúa en el Nuevo Testamento. El mismo nombre de Miguel, nos invita a darle honor, ya que es un clamor de entusiasmo y fidelidad. Significa "Quién como Dios". Satanás tiembla al escuchar su nombre, ya que le recuerda el grito de noble protesta que este arcángel manifestó cuando se rebelaron los ángeles. San Miguel manifestó su fortaleza y poder cuando peleó la gran batalla en el cielo. Por su celo y fidelidad para con Dios gran parte de la corte celestial se mantuvo en fidelidad y obediencia. Su fortaleza inspiró valentía en los demás ángeles quienes se unieron a su grito de nobleza: "¡¿Quién como Dios?!." Desde ese momento se le conoce como el capitán de la milicia de Dios, el primer príncipe de la ciudad santa a quien los demás ángeles obedecen. Su principal cometido es ser el protector frente a las tentaciones del diablo, que aprovecha cada resquicio para pervertir al alma, el momento más crítico es cuando el ánima está esperando reunirse con Dios, es en ese estado de espera cuando Satanás intenta seducir al espíritu y así lo pueda arrebatar y llevar a su reino. Historia de su celebración: El glorioso Arcángel apareció en 493 en el monte Gargano en Italia. |
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Esta aparición fue muy consoladora y muy célebre, y en reconocimiento de los beneficios que procuró a la Iglesia el enviado del Omnipotente, se estableció una fiesta para recordar este acontecimiento y en honra de San Miguel; fiesta que desde el siglo V se celebra el 29 de setiembre, y que era en otro tiempo muy solemne en varios países de Occidente. He aquí lo que leemos en las leyes eclesiásticas publicadas en 1014 por Etelredo rey de Inglaterra: “todo cristiano que tenga la edad prescrita ayunará tres días a pan y agua, no comiendo más que raíces crudas, antes de la fiesta de San Miguel, e irá a confesar a la Iglesia con los pies descalzos… Cada sacerdote irá tres días con los pies descalzos en procesión con su pueblo, y cada cual preparará los víveres que necesite para tres días, observando sin embargo que no haya de gordo, y que se distribuya todo a los pobres. Todos los servidores serán dispensados del trabajo durante estos tres días para celebrar mejor la fiesta, o no harán sino lo necesario para su uso. Estos tres días son el lunes, el martes y el miércoles antes de la fiesta de san Miguel.” Aunque sólo se nombra a san Miguel en el título de esta fiesta, según la oraciones de la Iglesia, forman, según parece, su objeto todos los Santos Ángeles, de lo cual se desprende una verdad magnífica y propia para estrechar los lazos de caridad que nos unen, y es que la Iglesia quiere indudablemente que honremos a los Ángeles y a los Santos, y celebremos su fiesta con espíritu de unidad y universalidad, considerándolos a todos como un solo cuerpo y un solo santo, que es el cuerpo de Jesucristo. Es difícil honrar un miembro sin que esta honra se comunique a todos los demás miembros del cuerpo; la gloria y la alegría de cada uno de ellos es común a todos, y la que es común a todos es propia de cada uno de ellos en particular. Si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él, dice San Pablo. Así pues, la fiesta de cada santo es la de todos los demás Santos. Por esta razón se celebra en otro tiempo la fiesta de todos los Apóstoles en un solo día, porque no puede celebrarse la de uno de ellos sin que todos sean de ella partícipes. |
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